Naufrago I 2017-02-18T20:09:46+00:00

NÁUFRAGO I

CASTAWAY I


naufrago-I-borja-merinoEstoy aquí, pero mi cabeza a veces está en otra parte. Tengo claro que lo único que empezará y terminará será mi propia vida. Lo que deseo ahora no me preguntes, quizás no quiera o no sepa contarlo, tal vez no quieras saberlo. Oculto recuerdos en el cajón de una mesilla perdida en alguna habitación. Atesoro olores que avivan recuerdos. Escondo caricias que a nadie conté. No tengo memoria para el rencor y el odio, pero hay cosas que me cuesta mucho olvidar. Guardo buenas sensaciones, esencias de lo vivido, recuerdos compartidos. Cuantas más experiencias tengo en la vida, siento que estoy más lejos de conocer lo que me rodea. Soy sensible al cambio, a la inestabilidad emocional, también al fracaso como final de todo sin intentarlo una vez más. Tengo el cuerpo lleno de arañazos que van más allá de la piel.

Creo que fui feliz, anhelo serlo y lo seré. No me rindo por muy abatido que esté. Siempre encuentro el camino, y si me pierdo siempre vuelvo. Sufro fijación insistente por aquello que deseo y la necesidad de contagiar a los demás lo que siento, envuelve lo que hago. Asumo mis errores y nunca los paso por alto, por aprender de ellos, por sentirme mejor, por avanzar. Soy ese que te anima cuando quizás yo esté mucho más hundido que tú. No sé quién me guía, pero siento por donde debe ir mi camino. Soy el que se ríe de sí mismo, de mis tropiezos, de mis tonterías, de mi ingenuidad, de mi ignorancia, permitiendo que tú también lo hagas. Nunca necesité mentir, aunque alguna vez lo hice. Cada día me preocupa menos decir sólo la verdad. Busco siempre un por qué y todavía me niego a pensar que las cosas pasan sin más. A veces me odio, y otras no tanto, a veces ni lo pienso.

Con frecuencia soy un niño y como tal me río. A ratos juego a incomodarte, a ponerte a prueba y otras veces te llevo más allá de tu imaginación. Me gusta contar mis experiencias. Me apasiona escuchar una buena historia y disfruto si tu cara se ilumina de emoción mientras me la cuentas, entonces puedo callar eternamente. Me gusta el silencio entre dos personas, roto sólo por la verborrea de una mirada cómplice. No me agrada el silencio si tienes algo que confesarme. De vez en cuando uso las manos como si no tuviera más sentido que el tacto, deseando con ellas acariciar el alma. Me gusta de vez en cuando verme un rato solo, lejos, perdido en mi yo más interior. Recuerdo a los que quiero y nunca los abandono por muy perdido que esté. Hago cosas que sólo se yo, guardo secretos que no comparto con nadie y pocas veces siguen siendo un secreto tiempo después.

Hoy puedo decir más que ayer sobre ti, pero ya no diré nada. Hoy sé decir cómo me siento y no sentirme avergonzado por ello. Me gusta provocar una sonrisa, una caricia, robar un beso que termine despojándote de la ropa como una última vez. Pocas veces me ven desnudo, si lo hacen, sólo es sin ropa. No me importa el sitio si tengo a alguien conmigo que quiere compartirlo. Nunca regalo un te quiero si no lo siento de verdad y no deseo encontrar nunca el motivo para hacerlo. Me gustaban los después sin llamadas más tarde, pero estoy afiliado ahora al club de `esta es la penúltima vez´. Rara vez lloro por algo, pero he sentido por mi cara esas lágrimas que salen sin llamarlas, el vacío completo dentro de mí. Camino porque no puedo vivir parado, siempre ansío saber qué es lo que hay un poco más lejos de donde estoy. Soy paciente y tremendamente impaciente cuando te necesito. Soy rítmicamente despistado, pero un día organizaré mis pasos. Dudo de mis dudas.

No sé qué es lo que quiero, pero sé bien que es lo que no deseo. No me siento cómodo con los halagos. No me gustan las propinas sentimentales, los besos desgastados, los días señalados y las cosas que se hacen porque no queda más remedio. Todas las posturas son buenas, sobre todo en penumbra. Adicto al deseo, al placer, a provocarlo. Adicto a retorcer, a susurrar, a que no quede más remedio. Adicto al sexo, como la muestra física de la unión de dos almas. Adicto a dibujar sonrisas. A una caricia por tu cara. Al roce de un dedo sobre mi pecho. Al botón que salta despistado. No soy el mejor en nada, solo intento superarme un poco cada día. No me complace sentir pena, ni que se apenen por mí, porque me quema. No me agrada que decidan por mí. No me gusta decidir siempre a mí. No me apetece ir siempre al mismo sitio, no me gusta hacerlo solo. Me cuesta reciclar los lugares donde fui feliz con alguien que ya no está en mi vida. Odio la inercia, el tira y afloja, el dejarlo para mañana, el tiempo, las horas, los días, los 6 meses, el año, el siempre y el nunca. No esperes que me dé cuenta, ni que te diga lo que necesitas oír de mí. Tampoco te creas que nunca seré capaz de sorprenderte una vez más, quitarte lo que me quieres dar y darte lo que deseas de mí.

Dramatizo dramas y a veces me gusta disfrazarme en ellos, porque siempre encuentro algo bueno que habla de mí, siempre salgo ganando. No soy el mejor amigo, la mejor persona, el mejor hijo, el mejor hermano, la mejor pareja… no sé si seré el mejor marido, el mejor padre o si llegaré a ser el mejor abuelo. No me importa si cambian de opinión cuando hablan conmigo, seguro que tienen un buen motivo. Tampoco me interesa si les importa que yo también lo haga, seguro que también tengo motivos. No me conocen lo suficiente, quizás nunca me conozcan lo bastante, yo tampoco creo saber quién soy. Quizás nadie se conozca lo suficiente. No me gusta que me lleven a cuenta mis defectos, mis carencias y mis errores, porque sé cuáles son, pero te invito a añadir nuevos a mi lista. No quiero que aplaudan mis virtudes para hacerme sentir mejor, ni me llamen algo que no me siento, por muy bueno que parezca lo que dicen. No quiero que me sigan por compasión, quiero que me acompañen porque sientan que quieren hacerlo, porque lo desean. Me cuesta dar mi brazo a torcer cuando siento que tengo la razón en algo. A veces doy la razón sin más cuando no me lleva a nada. También se reconocer cuando no la tengo.

Detesto al orgulloso que intenta echar conmigo un pulso. Nunca extenderé mi brazo cuando me siente al otro lado de la mesa, pero me mantendré firme para ver cómo lo intenta. Aborrezco al rendido, al que se va porque pierde, al último intento. Odio soberanamente que quieran definirme, que crean saber cómo soy aunque acierten. Odio al que siempre se da por aludido. No me gusta que hablen por mí. Y que no lo hagan cuando merezco una explicación. Doy diez si tú al menos me das uno. Doy diez si no me das nada. No esperes que siga así toda la vida. Desprecio al cobarde de palabra porque con su silencio pierde su turno, su libertad y mi paciencia. Mucho más al cobarde de acto, nunca me quedaré a ver si finalmente lo hizo. No me cortes las alas porque me fabricaré otras nuevas y más grandes. Despiértame por la noche, búscame por las mañana, si es que necesitas de mí. Busca mi calor, róbame lo que me sobra, lo que no tengo, quédame a cero y siempre tendré algo más para darte. Soy inaguantable algunas mañanas, pero muy pocas veces me pasa por las noches. Soy infiel por naturaleza, pero sólo conmigo.

Hago cosas que no me apetece, sólo por hacerlas contigo. No me importa la película si hay buena compañía y robar un beso cuando termina. No me importa si no podemos terminarla. No me molesta empezarla cien veces y no acabarla otras tantas. No cumplo todas mis promesas aunque siempre intento hacerlo. No me gusta ver personas abatidas, despechadas, humilladas y engañadas por ser culpables de amar. Repugnante es el amor fatal que no termina ni empieza, el amor convertido en odio y el sufrimiento que impregna de rechazo a una nueva oportunidad. Desolador y falso es pensar que el amor no vuelve, que la munición está agotada, que no queda nadie por quien perder la cabeza. Duro y absurdo es enviar cartas al pasado. Cartas sin vuelta, sin acuse de recibo.

Y sin embargo un día cualquiera siempre encuentras algo: Diferente: como el día de ayer. Cómodo: como la mano que te toca la espalda. Fácil: como el giro de cabeza. Sencillo: como sentir. Perfecto: como dejarte llevar. Inquietante: como volver a encenderte por dentro. Alarmante: como compartir algo más que la almohada. Excitante: como el vaho en la ventana.  Peligroso: como perder el freno. Impresionante: como explorar un nuevo territorio. Bello: como dejar un nuevo olor.  Paralizante: como un primer después.  Asombroso: Como darme de sí.  Repetible: como volver a empezar.